2 de agosto de 2009

El Transantiago y Yo

Cuando uno se relaciona con ciertas cosas en forma cotidiana, se establece una especie de relación de pareja: hay encuentros, desencuentros, peleas, reconciliaciones...
Así es como siento esta relación mía con él: el TRANSANTIAGO.
Partamos con que no es un relación para nada fácil, además de que fue absolutamente forzada (como un matrimonio arreglado) y partió cuando mi anterior medio de transporte me dejó después de una larga relación de casi diez años (mi autito lindo que vendieron cuando me separé... snif snif).
Mi relación no es buena, hay muchas cosas que detesto de mi TRANSANTIAGO y que me ponen de mal humor, como:
  1. El olor: tengo una nariz sensible. Detesto el olor de los buses, en la mañana y, en invierno además, es asqueroso. Mucha gente no se baña y se nota! odio el olor a pelo sin lavar!, a trasero (y menos a trasero femenino)!, a transpiración añeja! y a aliento!!! como odio respirar y sentir el "suspiro" de alguien... guacatela. No me gustan los perfumes (no me apetecen los olores producidos en masa), pero se agradecen cuando sirven para enmascarar malos olores, sep, los perfumes les sirven a aquellos que son hedionditos de piel.

  2. El mal trato: me quejo de la gente maleducada, prepotente, no de los choferes, de la gente que no tiene modales. Las palabras "perdón", "permiso", "disculpe" y "gracias" son casi inexistentes entre los mismos usuarios y mucho más inexistentes cuando se trata de interaccionar con el chofer.
  3. Gente que pasa sin pagar: Grrrrrr!!! es detestable, pasan mujeres, familias enteras!!! y uno se desloma trabajando para ser un ciudadano honesto. Grrrrr!!!!!
  4. El tiempo: si, a veces me toca esperar mucho rato y llego tarde a casi todos lados, pero que bah! debo reconocer que salgo siempre justo (o más que eso: atrasada).
  5. Cierto tipo de gente: con el tiempo me he vuelto sectista, no me gusta la gente "fea", pero esa "fealdad" se compone de muchas cosa e incorpora los puntos 1, 2 y 3 anteriores, son cosas como aquellos (hombres y mujeres) que se ponen ropa limpia y se peinan lo que miran en el espejo y en la nuca llevan estampada la almohada, tampoco me gusta la gente que no tiene cuidado en invadir el "espacio" que uno ocupa, como por ejemplo aquellos que se sientan sin importarle que te aprieten, te toquen con la pierna o usen parte de tu asiento, ahhh! es que a mi no me gusta que me toque gente desconocida (esa es un trauma) menos si es gente..."fea".
  6. Plata en la BIP (tarjeta de pre-pago del pasaje): esta es mi perdición: nunca me acuerdo de cargar la BIIIP!!! jajajaj. Siempre me acuerdo a ultima hora, cuando no tengo donde ir a cargar ¿como me las arreglo? con la buena voluntad de amiguis que me prestan su BIP y ... de los choferes que me llevan hasta donde pueda cargar.
  7. Mi “cambiado” Metro: Creo que fueron los celos… pero desde que ando con el Transantiago, el Metro ya no es el mismo, igual lo visito con regularidad, pero ese es tema para otro post.
Pero como toda relación, a veces me pasan cosas que me hacen reconciliar (un poquito), tornando a la cotidianeidad en algo menos malo, como estas:


  1. A veces converso con gente “linda”: me gusta conocer gente linda (no es maleducada y prepotente, sino que sencilla, agradable, simpáticas). A lo largo de mi vida, he conocido a vendedores ambulantes, señoras y señores de esfuerzo, trabajo y mucha humildad, quienes me han contado la vida en campamentos, el trabajo en la calle, el itinerario de trabajo, las lukas que se hacían por día, señoras de mucha edad que han trabajado toda su vida, mujeres dueñas de casa que viven para criar hijos... historias de gente común... si, me gusta eso.
  2. Viajo en horarios que no son punta: como manejo mi horario, suelo moverme en horarios que elijo, en esos periodos en que los buses están más "respirables"
  3. Cuando todos van... yo vengo: AHHHH!!!! como me gusta eso!!! cuando todos en la mañana van hacia el centro, yo lo hago en dirección contraria, y en la tarde...es al revés!!! no me toca viajar en buses repletos (menos mal, ya me acuerdo cuando si era y me pegaban agarrones!!! por ahí alguna vez escribí al respecto aquí)
  4. Cuando los choferes son corteses: me paran donde no corresponde y hasta me dejan ir sin pagar. Ahora responden de buena manera, no insultan a los estudiantes, responden a mis buenos días y mis buenas tardes (sé que parte de este buen trato puede deberse a "calentura" y que se hacen los "lindos", pero cuando es con respeto... se agradece igual la cortesía).
  5. Nadie me pone problemas por subir con mi perrita.
Y, aunque yo no hago uso de esto, la gente debiera valorar ciertas cosas que con los antiguos buses no se podía o era complicado:

  1. Subir con carritos como de feria en los buses nuevos (las señoras ahora andan casi todas con carritos donde meten sus compras para no tener que cargar bolsas).
  2. Pasillos más amplios en esos buses nuevos (lo que permite andar con los carritos y transitar mas holgadamente)
  3. El que puedan subir discapacitados en sillas de ruedas (los pasillos amplios!)
  4. El no irse "colgando". Si, parece que nadie se acuerda de esas peripecias, de cuando antes era toda una odisea subirse a una "micro" (esos buses cacharrientos de antes... como los "Intercomunal" o "San Cristobal-La Granja") y los que quedaban en la pisadera quedaban con las mochilas volando al viento, recuerdan?
A pesar de aquellas cosillas buenas, a pesar de que en algunos aspectos esta pareja mía ha evolucionado, solo pienso en dejarlo, quiero ponerle el gorro manejando un auto (a veces lo hago con el vehículo de la oficina), tengo fe en que mi príncipe azul motorizado (en realidad me gustan los autos blancos, así que debe ser un príncipe ídem) pueda llegar pronto a mi vida...

Lo siento Transantiago... nuestra relación no va para ninguna parte.

4 Disparan balas de plata aquí:

Blood dijo...

Bueno, lamentablemente deberás seguir aguantando esa relación hasta que el destino decida poner un auto en tu camino. Digamos que queda en una relación por conveniencia...

Saludos sangrientos

Blood

Pato Larraín dijo...

Si ha decir verdad este concepto de amor y odio me lo habías comentado no puedo dejar de explicar que mi relación con los buses del transantiago es diferente y lo es solo por el hecho no menor de que no viajo nunca en ellos.

Cuando subo a uno, y me parece que lo haz notado, me asombro de ver cosas que no acostumbro.

Gente que no se mira a la cara, el torniquete que hay que pasar, y hasta los señores que suben con sus acordeones a tocar y cantar tonadas mexicanas.

Supongo en todo caso que hacerlo a diario y seguido implica un grado no menor de desazón producto de lo que describes o como mejor diría yo, mi experiencia diaria en el metro.

saludos del patolarrain

Sabina Atalaski dijo...

Chaaaah... toy igual que el Pato! jajajaja...

Me cargo yo misma porque a veces siento que me he vuelto culito de auto, pero trato de que cuando me toca andar en transantiago, la experiencia sea agradable (lujo que me puedo dar porque no lo uso nunca).

Un abrazo y ánimo!!!

Aarón dijo...

lo mejor sin duda es la diversidad de encontrar a personas que quieran conversar algo interesante, el problema es que no las he encontrado muy a menudo. Un día vi a un tipo que le buscaba conversación a los pasajeros, de lo más trivial... la gente se cambiaba de puesto y se reía, como tildándolo de orate; que pena.

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